Bien. Hemos conseguido, de una forma rápida y barata, modernizar la imagen de la plaza del pueblo. No hace falta ya que sustituyan las baldosas por otras más hermosas y menos escurridizas. Ni que pongan más árboles y jardines. La solución estaba en colocar en todo el medio, como un monumento al héroe local, una gran pantalla de aluminio con la publicidad del Plan E. E de España. Plan Estratégico para el Estímulo de la Economía y el Empleo. Eso es. Eso E.
El cartelón está bien visible: surge imponente desde dentro del jardín, enfoca al tráfico de las dos calles que pasan por la plaza, se divisa con esa autoridad de lo importante cuando se baja por la calle Marmaria. Ahí está, orgulloso, nuestro nuevo símbolo municipal. Si el plan era que el cartelón gubernamental se viera, el objetivo está cumplido: verse, se ve. Otra cosa es cómo quede donde lo han instalado. Eso ya tiene que ver un poquito con el sentido estético, y ya sabemos que sobre gustos no hay disputa.
Hay otros carteles repartidos por Membrilla, como por toda España, y en obras bastante más importantes que las que se están acometiendo en la plaza del Azafranal. El de enfrente de la Casa de Cultura tampoco está mal. A más de uno que haya ido al teatro, o la sala de exposiciones, le habrá dado gana de volverse, pues viendo tal cartel en tal sitio bien parece que está todo en obras y cerrado. Pero está todo abierto, en realidad la propaganda es por un asunto de contenedores.
Se supone que son carteles que se colocan mientras duran las obras, para que los vecinos nos enteremos de que el gobierno está trabajando. Importante cosa, que el gobierno nos recuerde que está trabajando. Pero aparte de la imposición, entendemos que ineludible, a las autoridades locales, de estos cartelones de propaganda, se supone que la ubicación de cada uno la eligen los que los ponen. Y otra vez bravo por los que han elegido adornar nuestra plaza con ese hermoso aviso.
No habría otro símbolo capaz de representar mejor a nuestro pueblo que ese cartel repetido por todos los rincones de España, y por eso no había mejor sitio donde levantarlo que en mitad de nuestra plaza. Claro que el cartel no respeta demasiado el entorno, no se aviene a las formas del lugar, ni sus colores dicen nada nuestro para estar en el sitio que está. Pero es tan grande, tan bonito, tan alto, tan rectangular. Tan E, de España.
Otra de las funciones principales del insigne cartelón es que la gente hable de él, aunque moleste. Más de un viejo mondando pipas en el banco le dirá a otro: Y ese letrero de ahí qué es. Y el otro le dirá: Las obras de Zapatero. Y el primero se quedará pensando un rato sobre el papel de Zapatero en el arte, y seguirá mondando pipas en silencio mientras medita sobre la suerte que hemos tenido en Membrilla de que lleguen a nuestra plaza sus obras.
Qué lástima que haya pasado la Semana Santa, con lo bonita que habría sido la suelta de palomas el Domingo de Resurrección con ese cartel de fondo. Si algo hay que censurar es que no lo hayan colocado a tiempo, y nos hayan robado esa estampa. Definitivamente, nuestra plaza ha cambiado de semblante, y es preciso agradecérselo a quien lo ha hecho posible. Que dure muchos años ese cartel tan representativo, tan bien puesto, tan E.
Ahora que han tenido la feliz idea de levantarlo en el jardín, sería una pena que al acabar las obras lo retiraran y dejaran la plaza limpia de propaganda. Seguro que en el momento de la retirada, que nunca será antes de las elecciones de dentro de un año, algunos vecinos se encadenarán a sus postes, y la impedirán. Porque ya que lo hemos pagado entre todos, como una estatua elegida, y nos lo han colocado en el mejor sitio, ¿habría derecho a que ahora lo quitaran de nuestra vista?