Membrilla volvió a echarse a la calle en la noche del día dos para rendir culto a la Cruz de Mayo, antiquísima celebración que se mantiene en nuestra localidad gracias a la implicación de vecinos y asociaciones que trabajan año tras año por el mantenimiento de esta fiesta que aúna devoción y tradición.
A las nueve de la noche se procedía al encendido de las hogueras frente a las cruces de mayo, marcando el arranque oficial de la ronda de visitas y canto de mayos por las nueve cruces “vestidas”. En las calles, altas temperaturas y el incesante trasiego de vecinos de cruz en cruz, algo reducido esta edición por la coincidencia en el tiempo con algún acontecimiento deportivo de singular interés…
En los monumentos a la cruz, los habituales símbolos de la Pasión y las referencias evangélicas a los últimos momentos de Jesús en la Pascua. Junto a ellos, palmas y sutil Resurrección en la cruz suspendida en el aire del Grupo Cultural El Galán de la Membrilla en San León, sin centeno esta vez por la extraña meteorología de abril… Cerca, la cruz frente a Correos, no vestida, pero acompañada por los vecinos y la tradicional hoguera en la esquina, como manda la tradición. Más abajo, la conocida como cruz de los vecinos de la Calle Nueva, situada en la ferretería, una de las pocas en las que se mantiene la costumbre de velar durante toda la noche y que este año ha hecho un singular guiño al cercano San Isidro y a los sembrados, a la Sagrada Familia y a la Cruz de Caravaca, que celebra Año Jubilar.
Se consolida la cruz de la ermita de San José de Calasanz en el itinerario obligado, rescatando la sencilla imagen de las “cruces de siempre”, en lenguaje local: cruces arropadas por pequeñas imágenes de santos, Cristos y Vírgenes, entre sutiles telas y adornos florales.
Forma de cruz tiene el itinerario formado por las cruces de la calle del Prado y Mayor. Abundancia de referencias a la Pasión, regadas con sangre y agua y otras cuidadas metáforas de carácter evangélico, en la de la familia Martín. Con una pequeña alusión al Centenario de la aparición de la Virgen de Fátima, que también se repetía entre carrascas en manos de las vecinas de la calle del Prado, con otra cruz “de las de siempre”, homenaje a la institución de la Eucaristía y de nuevo solidaria, este año con Cruz Roja Trujillo en su labor en Perú. Cerca, la cruz de la familia Serrano, que retomaba su estética floral y vegetal enmarcada en telas.
En el parque del Espino, las Amas de Casa perfilaron la predicación en el desierto con el oasis de la cruz como destino. Cerca, el reencuentro con la cruz de la parroquia, vestida a modo de monte de manera testimonial, reivindicando en el solitario ábside la belleza de la oración sencilla, incluso intimista, frente a la cruz más antigua de nuestra población.
Y entre las adquiridas por los propios vecinos tras la guerra, la Cruz Verde, construida sobre la Última Cena y escoltada por columnas y por los caballeros de Santiago. También repetía su carácter solidario, contribuyendo con los donativos a la labor de Afanion, la Asociación de Familias de Niños con Cáncer.
Frente a las cruces, de nuevo los cantos de los mayos protagonizados por Los Tuno´s, herederos en estas lides de los Toconeros, y por la Rondalla Marmaria, que acostumbra a regar de jotas y seguidillas su visita a las cruces. Por libre, fuera del itinerario marcado desde Cultura para afianzar y conservar este canto de mayos, la Rondalla de las Amas de Casa, que arrancan la jornada cantando a la patrona, la Virgen del Espino, en su ermita.
Y sobre todo esto, la riqueza del vecindario o de la asociación, que forman verdaderas familias reunidas en torno a la cruz, fijando en las habituales esquinas el reencuentro con la tradición y la historia de nuestro pueblo. Y recibiendo al calor de la hoguera, siempre amables, con su zurra, puñao o incluso huevos, al visitante de ronda.-
Fdez. Megías